Despertamos y el súper anfitrión nos tenía preparado una buen desayuno. Huevos revueltos, pan, leche, café, quesitos y mayonesa. En la travesía por Senegal, hambre no pasamos.

Luego de una pausa, recuerda » la prisa mata», nos arreglamos para subir a Iwol uno de los pueblos más pintorescos de la zona.

Iwol es animista y también incursionan en el catolicismo pero nunca en lo musalman. Los animistas creen en todo lo que proviene del mundo natural, como el agua, las rocas o simplemente una montaña.

Para acceder hay que subir por este sendero de 3 kilómetros y 250m de desnivel. Desde de Ibel tardas una hora aproximadamente. La subida no es tan exigente pero tampoco accesible para todo el mundo. Hay que tener en cuenta el calor, aún en esta fecha (diciembre) era agotador.

Recomendación: LLevar mínimo un litro de agua por persona, protección solar y lavial.

Para acceder a estos pueblos lo mejor es ir con guía local que te ayuda adentrarte en el pueblo y poder conversar con el jefe, Jean Baptiste. Aunque sea cierto que luego te piden una contribución, sientate libre de dar lo que puedas.

En la visita pasamos primeramente por la escuela. Los niños están de vacaciones y no podemos verlos allí pero las aulas hablan por si solas. Nos cuentan que en una misma aula un mismo profesor da clases a dos niveles distintos. Una pizarra a un lado con un nivel y al otro lado otro nivel.

Hace poco recibieron de unos italianos una donación para la escuela, principalmente materiales para los niños.

De camino a casa del jefe, pasamos de camino por la iglesia, circular y diferente. Llegamos y el jefe nos cuenta en su idioma un poco sobre el pueblo y nuestro guía no los traduce.

sentada en una casa típica de iwol

El pueblo está dividido en 4 familias ( unas 700 personas) y cada una es responsable de algo. La de actividades culturales se encarga de la organización de las fiestas. El «administrativo» ( no nos dijeron los cargos exactos) es el responsable de todo problema que sucede entre los que residen aquí y así sucesivamente.

Por ejemplo, si hay un problema entre ellos, lo primero sería ir a sentarse con el jefe de la parte «administrativa», si este no logra un acuerdo, entonces van al jefe del pueblo y luego con el alcalde de la zona. Nunca van con la policía porque al final son del criterio que será más problema que solución. 

Aunque en Iwol hay agua, gracias a un sistema que pagó un italiano hace algunos años. Las mujeres deben desplzarse hasta ese punto a buscarlo. Es un sitio donde se sigue respira mucha pobreza, parece detenido en el tiempo. Los niños andan descalzos, desnudos. Las mujeres salen a pedir al guía una pieza de jabón, eso les resuelve la vida.

Otra particularidad es que se casan entre ellos para mantener la cultura. Aunque no dijo el guía que en la actualidad la mujer puede rechazar la pedida de la mano no me convenció mucho. Dice que antiguamnete si tu padre aceptaba el matrimonio ya la hija debía decir que sí sin pensar si le quería o no y que ya no suele suceder.

Por último subimos al Boabad de Iwol, donde se suelen reunir todos, tanto para lo bueno o malo. Es la plaza del pueblo. Estando allí las mujeres y niñas montaron su mercadillo anbulante. Si compras ayudas un poco, si no tampoco se ponen pesado. Al irnos pudimos conversar con una mujer con una perforación septal, muy típico de los Bedik.

Me fui con la sensación de que las mujeres trabajan mucho más que lo hombres. Quizás sea por la hora de las visitas pero no vi nunca en ningún pueblo a un hombre cargando agua siempre vi a las mujeres y niños.

Regresamos y comeremos aquí en Ibel. Pensábamos quedarnos y disfrutar del fin de año familiar pero sería pasar todo la tarde de hoy y el día de mañana sin hacer mucho más y decimos seguir ruta. 

Viajar también es ponerte triste con las despedidas. Solo un día en esta casa ha sido suficiente para que ella y yo nos tomemos cariño. Desde que llegué no se despegó de mí. Anoche, incluso, se durmió en mis brazos.  Hoy, al despedirnos, ambas lloramos. Sé que de mí se olvidará pronto pero yo de ella no.

¡Kindin Kandan! Al mejor estilo senegalés.

Retomamos carretera, haremos noche en Tambacunda que aunque es un sitio donde no hay mucho que hacer, continuar al Delta es una tirada larga.

LLegamos cerca de las 7 pm, el hotel no era el que nos tocaba en el itinerario pero se solucionó el problema. Aunque era modesto se sintió de lujo tener ducha y electricidad normal. 

Cenamos en un restaurante cercano, algo más internacional. Comer arroz o pasta diariamente no es algo que mi sistema lo canalice bien ajaja, soy cubana insisto. 

A la cama mañana otras horas de carretera hasta el Kaolack cerca del Río Salum. Mañana pasaremos noche vieja en el Relais Hotel Koalack se ve muy bonito, con piscina. Veremos qué tal. 

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