Día 1 en Mbour, Senegal
La llegada al aeropuerto fue tranquila, los senegaleses toman la vida con calma y en la aduana conversan contigo, te preguntan cómo estás como si no fueran oficiales ni tuvieran prisa. Se dice » La prisa mata».

A diferencia de otros viajes, este lo hacemos en viaje guida y privado. Fue difícil conseguir información para viajar por libre. Queríamos adentrarnos en la vida del país Bassari, conocer las diferentes etnias de la región y encontramos un tour organizado por Diaoadventures_senegal que nos cautivó.
Tanto el dueño como los guías todos son del País Bassari por tanto conocen muy bien la zona. No es fácil llegar a ella si no se conoce bien la zona. La base es fomentar el turismo en la zona y dar empleo a los jóvenes.
Tanto el alojamiento como las comidas en los pueblos del pais bassari, lo haces en sus casa o en negocios locales. Te sugieres si puedes llevar cosas a los niños de la zona y la verdad es que si puedes hazlo.
A la salida estaba el conductor, Saal que nos llevaría hasta nuestro hotel en Nbour. El hotel se llama Blueafrica. De noche fue ¿what?, dónde nos han metido y no Wao, pero el amanecer fue increíblemente bello.

Despertamos cerca de las 8h con el sonido de los gallos. Fuimos a por el desayuno que lo tenemos incluido en el precio. Es modesto ( pan, mantequilla, diferentes tipos de mermeladas, leche, café y chocolate) pero desayunamos con el sonido del mar, eso es tan gratificante que se olvida lo que comes.
La primera jornada en Senegal comenzaría fuerte. Hoy visitamos la reserva de Bandia. Al terminar el desayuno, nuestro guía nos estaba esperando para llevarnos en un Jeep a disfrutar de lo que será por siempre mi primer safari.
Desde Mbour está a unos 18 kilométros, casi una hora de viaje y desde Saily unos 15 kilométros. Las imagenes de la carretera comeinzas a decir » esto es áfrica». Casas sin terminar, calles no afaltadas, niños descalzos, vacas que interfieren el tráfico y más.
Al llegar tuvimos que esperar un rato hasta que llegara un guía en español. Hay varias opciones para hacer el tour, un jeep contratado fuera ( como fue nuestro caso) y un todoterreno abierto de 8 o 24 personas. No se puede realizar reserva por lo que debes llegar y esperar tu turno.
Por ejemplo: Si van un grupo de 8 pagarás la entrada de cada uno, pero el camión y el guía entre los ocho.
El guía de habla hispana que nos tocó es muy bueno. Nos explicaba con mucha pasión cada animal que nos encontraba en el camino o se detenía y daba la vuelta en busca de uno. En poco más de una hora pudimos ver muy de cerca, jirafas, jabalís, rinocerontes, gacelas, monos verdes y rojos, llenas, cebras, antílopes, búfalos y avestruz.






Sé que no es un safari pero para fue hermoso. Los ojos me brillaban como una niña.
Dentro de la misma reserva, hay una zona donde se encuentra el restaurante con vistas a un criadero de cocodrilos que es increible también. El restaurante y la tienda de souvenir son un poco caros pero bueno. También hay aseos y son gratuitos. Ojo no hay papel sanitario pero pero si hay duchitas 
Aquí pasamos casi toda la mañana y regresamos a comer al hotel. No es un menú de Michelin pero las vistas y el sonido del mar compensaban.
Tocaba algo de relax, la cubana se fue a pasear por la playa, estaba algo fría pero al menos nos mojamos. Además, sentarte a escribir con estas vistas no tiene precio.
El español hizo su siesta y se fue a ver el partido de Senegal.
Descansados retomamos la jornada, nos tocaba ir al puerto pesquero Mbour y ver el atardecer desde allí. Así como la vida y el funcionamiento del mismo.
El camino no era largo pero de camino el guía encontró a un amigo en un coche a caballo y este nos dio un adelanto. Para variar enseguida me puse a conducir aunque todos sabíamos que el caballo conocía el camino.
Es increíble e impactante la cantidad de niños que hay, con las madres, solos, jugando fútbol. Las escuelas no son obligatorias y el 90% de los padres no tienen para dar la pequeña porción que se necesita para comenzar.
El puerto de pescadores de M’Bour es impresionante, la llegada de las embarcaciones, como trasladan la pesca a tierra, todos los trabajos que surgen y más. Todos trabajan desde la mujer con el niño en la espalda, el anciona o el pequelo de 8 años que ya ayuda al padre.
Hay quien vende pescado al por mayor, hay quien cobra por limpiarlo, están los niños que recogen los pescados que caen al agua cuando están trasladando las cajas. Hay de todo es impactante como aplastante como se vive o sobrevive.



Me pueden los niños de estos lugares, siempre pienso lo mismo ¿qué futuro tendrán?
La primera jornada en Senegal fue a lo grande. Ver con tus propios ojos cómo se vive en estos lares debería ser obligatorio para valorar lo que tenemos y tomar menos lucha/agobio por tonterías del día a día…
Regresamos al “hotel” regalándonos este hermoso atardecer.

Hasta mañana 
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