Amanecer en el Fuji
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Diario de Viaje por Japón | Día 4: El techo del mundo y un amanecer único en el Fuji.

Subir y dormir en la cima del Monte Fuji ha sido una de las experiencias más brutales, sufridas y mágicas de esta ruta por Japón. Para la subida se requiere cierta preparación: entradas, accesos, tickets de buses, ropa especial, comida e hidratación, entre otras cosas; pero para ello habrá una entrada más pragmática sobre «¿Cómo subir al Fuji y pasar la noche?». Hoy toca contar la crónica real de la aventura.

Vistas del fuji.

De camino a la base: El alcalaíno y las prisas con el autobús.

Madrugamos. Aunque el autobús hacia la quinta estación salía de la estación de Mt Fuji supuestamente a las 6:30 am, como habíamos terminado antes de tiempo (el alcalaíno y sus prisas, ya saben), salimos camino a la parada para evitar quedarnos sin asientos. La verdad, el alojamiento nos quedaba tan cerca de la estación que fue todo un acierto. Para nuestra sorpresa, apareció un autobús antes del tiempo estimado; todavía no sabemos el motivo real porque el conductor no se explicaba con mucha claridad, ¡pero nos vino de lujo! Jajaja.

Hizo una parada en Kawaguchiko y luego nos dejó en otro punto de control desde donde, por fin, pudimos disfrutar de una panorámica preciosa del Fuji; hoy sí se dejaba ver.

Tomamos el siguiente autobús y aquí es donde se entregan los tickets. Los puedes comprar online, pero debo decir que no es nada sencillo porque la plataforma oficial no aceptaba algunas tarjetas internacionales como Revolut o Wise. Comprarlas físicamente allí mismo no es ningún problema. Había leído en varios blogs que se hacían colas enormes, en nuestro autobús la gran mayoría ya iba con las entradas electrónicas en el móvil, así que casi no tuvimos fila para la compra.

Control de seguridad: Sellos, efectivo en yenes y preguntas físicas.

Al llegar al punto de inicio de la subida te encuentras con una tienda enorme que tiene todo tipo de accesorios, recuerdos y los famosos palos tradicionales de madera para ir grabándolos a fuego en el camino.

⚠️ A medida que subes todo cuesta muchísimo más, desde el agua, la comida y los mismos palos de madera.

Justo al entrar te hacen pasar por un control con una serie de preguntas de seguridad física y comprueban si llevas la ropa adecuada, haciéndote firmar y responsabilizándote por la subida. Pasas al punto de acceso definitivo y muestras o pagas el derecho a la subida por la Línea Yoshida; el precio es de 4.000 yenes. Actualmente es la única línea de subida que tiene este pago, por ser la más frecuentada y la que tiene mayor preparación para dormir en ella.

⚠️ ¡Ojo! Justo aquí tienes unos puestos con sellos gratuitos muy chulos para estampar.

Lleva efectivo durante el camino la mayoría de las cosas se pagan al contado. Por ejemplo: en cada etapa hay baños públicos casi todos tienen una máquina en la puerta que para entrar tienes que pagar en monedas. Normalmente suelen costar entre 100 y 200 yenes.

Baños en el Fuji

Cada estampado a fuego en el palo de madera (los hay pequeños y grandes) cuesta entre 200 y 500 yenes, se pagan siempre estrictamente en efectivo.

Estampado del palo en el Fuji

Al coronar y llegar a la mismísima cima, vuelves a tener otro sello gratuito de recuerdo que certifica que lo has conseguido.

La Ruta Yoshida: Escalando el gigante mineral.

Hay 4 senderos principales para subir al Monte Fuji. Nosotros elegimos el camino Yoshida, que a su vez tiene dos bifurcaciones: una variante más larga pero más sencilla (e incluso puede ser más linda porque va por dentro de los árboles al principio) y otra con una subida muchísimo más pronunciada con la que llegas más rápido arriba. Nosotros tomamos la segunda opción, básicamente porque queríamos llegar a la cima temprano, antes de las 2pm; no queríamos bajo ningún concepto que nos pillara el frío de la tarde porque arriba aprieta bien duro, y si encima si comienza a llover, la cosa se vuelve terrible.

La etapa 5 a 7 se puede decir que es relativamente fácil, luego de esta etapa la situación se pone más complicada, empinada y en algunos casos debes aguantarte bien de las cuerdas. El oxígeno comienza a pasar factura en la etapa final del 7 por lo que es recomendable en función de tu adaptabilidad llevar medidas extras como las botellas de oxígeno que venden abajo. Eso si una vez que las uses se dice que tienes que usarla constantemente.

Nosotros gracias a dios nunca las hemos tenido que usar. No vivimos en altura pero ya sabemos los posible síntomas que nos puede dar por el mal de altura. Como el dolor de cabeza, mal de estómago o mareo luego de la experiencia que vivimos en el Salkantay en Perú.

En cuanto a la dificultad de la subida, primero vamos a ponerlos en contexto de mi capacidad física. Si bien no soy la cabra que estoy todos los días en la montaña, suelo estar bastante activa, voy al gym y suelo correr algunas veces en la semana pero, considero que la subida al Fuji es algo serio y no conviene subestimarla. Esto no significa que debas tener una preparación ultra maratón o de alpinista para subirla sobre todo si vas en la época de verano abierto al público en general. En la subida habían niños de 5 años. Así que con algo de preparación, sentido común y tomando las medidas lógicas para evitar el mal de altura es posible el ascenso sin grandes complicaciones.

Comenzamos la subida a las 7:11 am y a las 12:15 pm ya estábamos en la cima (exactamente 5 horas y 4 minutos de esfuerzo). Una experiencia durilla, no lo voy a negar, pero siendo totalmente sincera me costaron más los miles de escalones de la subida a Machu Picchu en su día.

Al llegar, como todavía no podíamos hacer el check-in en el albergue, aprovechamos para subir hasta el mismísimo cráter del volcán. El lugar es imponente. Se puede disfrutar del abismo del cráter hasta el mismo borde porque el acceso está permitido. Es impresionante ver cómo las paredes de roca conservan los colores vivos de los diferentes materiales minerales que la Tierra nos arroja desde su propio centro.

Aprovechando que tenías que esperar comimos con las mejores vistas que el día permitía.

El precio del sacrificio: De Bainoa (Jaruco en Cuba)al techo de Japón

En la cima del Fuji no se puede elegir. No hay estrellas de hotel y el ascenso es exactamente el mismo para todos los seres humanos. El precio que hay que pagar es el sacrificio: mirar hacia arriba sin desesperación, dosificar el esfuerzo al máximo, admitir el cansancio teniendo que parar y sentarse unos minutos en la roca para coger aire y recuperarse.

Durante el trayecto, mi hermana me enviaba un mensaje preguntándome: «¿Por qué te gustan tanto estas subidas en las que sufres más de lo que ves?».

Si soy sincera, es la mismísima pregunta que me venía a la cabeza en cada escalón que subía y en cada etapa del mapa. Pero cada día que pasa descubro más esta faceta de mí misma: me encantan los senderos, las rutas de montaña, salir por completo del caos de la ciudad y experimentar la maravillosa sensación de exponer tu propio cuerpo a extremos que ni tú misma sabías que eras capaz de soportar.

Llegar arriba, ver amaneceres en rincones mágicos del mundo y también, por qué no, ponerme el cartelito mental de “dormí en la cima del Fuji”. Estar allí arriba y pensar: «¡Guao!, estoy en la cima del monte Fuji… ¿sabría esa niña que nació en un pueblecito como Bainoa que un día iba a estar aquí arriba?».

Cerca de las 5pm

Dormir en las nubes: Curry raro y un refugio austero.

Es una sensación increíblemente difícil de explicar con palabras. No es cuestión de ser más fuerte ni más valiente. Hay sacrificios que se hacen con gusto para cumplir estas experiencias de vida, y uno de ellos es dormir en un sitio que se parece más a los barracones del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau (salvando las distancias, dado que nosotros al menos teníamos sacos y mantas pesadas para el frío) que a un hotel. Dicho sea de paso, dormir en este refugio me ha costado más caro que cualquier hotel de las ciudades de Japón. La cena que te incluye y que cuesta unos 5 € es un plato de arroz con curry un poco extraño. Yo ni lo probé; preferí cenar un batido nutricional que llevaba conmigo y así evité la cena porque no me apetecía nada de nada.

Como dato práctico para los que vengan detrás: A las 7pm se apagan las luces del establecimiento. No hay duchas y los baños son bastante simples. No hay agua corriente en todo el sitio, así que absolutamente todo lo que requiera agua lo tienes que abastecer con las botellas que tú mismo cargues en la mochila o compres en el camino o en el propio albergue, desde cepillarte los dientes hasta la que uses para beber.

La recompensa absoluta: El mejor amanecer de nuestras vidas.

El amanecer es increíblemente hermoso. Una experiencia que no tiene comparación con nada que haya visto antes. Haber reservado plaza para dormir en el albergue de la última etapa, justo en la base de la cima, nos permitió poder despertarnos a las 3:30 am con calma y salir a escoger un buen sitio para ver salir el sol.

⚠️ ¡Ojo! Tener un buen sitio para ver el amanecer es importante por la cantidad de la gente que había.

Amanecer en el Fuji
Personas subiendo a esa hora de la mañana.

Las personas que se quedan a dormir en los refugios de las etapas anteriores deben comenzar la subida a la 1:00 o 2:00 am totalmente a oscuras.

La verdad que, con el frío que hace y lo difícil técnicamente que son las subidas de la etapa 7 a la 8 y de la 8 a la base, creo que nuestra decisión de dormir arriba del todo fue muy estratégico.

Amanecer en el Fuji
Amanecer en el Fuji

El descenso: Dos culazos bien dados contra el suelo.

La bajada fue dura, para mí muchísimo más incómoda que la subida, y no por el esfuerzo físico o la fatiga, sino por el peligro constante a caerte. Cosa que nos pasó: ¡nos dimos dos culazos bien dados contra el suelo!

El camino de descenso es una rampa permanente con un terreno de gravilla suelta y ceniza volcánica nada firme; debes ir paso a paso, hincando bien los dedos de los pies para ayudarte a frenar y no resbalar. Para mí es una sensación de inseguridad que no puedo controlar y que no me gusta nada de nada.

En el camino nos encontramos un palo y ese nos salvó de no volvernos a caer. Si no llevas palo compra o alquila uno en la tienda, pues para la bajada es imprescindible.

Amanecer en el Fuji

Comenzamos el descenso a las 5:11 am y a las 8:22 am ya estábamos abajo en la base. Trabajo hecho, una estrellita dorada para mi cuerpo que ha aguantado el reto como un campeona y se ha portado muy bien. Mil gracias al universo por el tiempo que nos hizo, porque no nos llovió, no hizo un sol abrasador de justicia y nos permitió coronar la cima sin ningún tipo de contratiempo.

Información práctica de mi mochila

Para no repetirme, dejé toda la lista de equipo —ítem a ítem, con lo que de verdad usé y lo que me sobró— en una entrada aparte: qué llevar para subir al Fuji. Ahí está todo, desde la linterna frontal hasta los bastones de trekking.

Aquí solo dejo lo que más marcó la diferencia esa noche: las pastillas de hidratación, que ayudan un montón a mantenerte activa en el esfuerzo largo, mis barritas de guayaba que son activación total y el batido nutricional que llevé conmigo, que terminó siendo mi cena y desayuno en el refugio.

Es totalmente necesario usar protector solar y labial; el sol arriba pega con mucha fuerza.

Una última reflexión antes de quitarme todo el polvo.

La subida al Fuji es cargar con tus necesidades mundanas, hincar la rodilla en la roca viva y pensar que en el cielo encontrarás la respuesta, pero vaya si vale la pena cuando el sol empieza a romper el mar de nubes.

Han pasado unos días desde esa noche en la cima y todavía me cuesta creer que dormí ahí arriba, entre nubes, con el amanecer más bonito que he visto en mi vida esperándome al despertar. Si te ha picado la curiosidad y estás pensando en subir tú también, tienes toda la parte práctica —fechas, reservas, precios, seguro, rutas y equipo— en la guía completa para subir al Fuji y pasar la noche.

Y si prefieres que alguien te organice el plan entero a tu medida en vez de armarlo tú desde cero, para eso está la asesoría personalizada que estoy preparando: cuéntame tus fechas y yo me encargo del resto.

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