Calle Nawate (Nawate-dori
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Diario de Viaje por Japón | Día 5: Del Monte Fuji a Matsumoto, mi primera vez en un onsen y el dilema de los tatuajes.

Llegamos a Mt Fuji Station a las 9:15, no sabíamos con certeza a qué hora saldrían las conexiones para llegar a Matsumoto. Acabábamos de bajar del Fuji aún con las piernas calientes —después de la noche en la cima que conté en mi crónica de la subida— y, aunque teníamos claro que había que hacer algunos trasbordos, no habíamos podido confirmar de antemano los horarios reales.

Contrarreloj sin plan

Al llegar a la estación de Mt Fuji Station preguntamos cómo llegar a Matsumoto: aquí nos topamos con la señora más borde de Japón pero aún así nos explicó que teníamos que tomar un bus local, con muchas paradas, hasta Kofu, y luego seguir en tren. Para nuestra sorpresa, el bus salía a las 10:10 y el siguiente no sería hasta las 12:00. Miré el reloj y eran las 9.30 am le dije a Miguel – inténtemelos- todavía teníamos que pasar por el alojamiento a recoger nuestras cosas y pagar. Por suerte nos quedaba a 4 minutos de la estación.

Antes de llegar a nuestro alojamiento, pasamos por Fujiyoshidashi Information Centre a comprobar la información. El día anterior las chicas de esta oficina nos habían ayudado y explicado con mucho cariño que hacer en la zona y queríamos asegurarnos que habíamos entendido bien la explicación.

Llegamos al alojamiento, tocó el ritual de descalzarse —que en mi caso no sé si será peor, son los mismos calcetines con los que subí y bajé del Fuji, jajaja— nos despedimos brevemente del anfitrión, cosa que nos dios sentimiento pues no hubiera encantado hacerlo con más tiempo. Con creces ha sido el mejor anfitrión de todo el viaje. Salimos corriendo, quedaba ver si éramos capaces de encajar todas las piezas de este rompecabezas de horarios.

La suerte estuvo de nuestro lado: fue el único autobús que salió con un minuto de retraso en todo nuestro viaje por Japón, y eso no ayudó a llegar con unos minutos de tiempo para ver bien que teníamos todo y estar más tranquilos. El bus es local y hace infinitas paradas pero, la realidad me quedé dormida minutos después de subir, por suerte nos teníamos que bajar en la última parada.

Kofu, el tren y el hambre que no llegaba.

Casi dos horas después habíamos llegado a Kofu. No éramos los únicos en este trayecto; para hacer esta ruta es casi la única alternativa. De hecho nos encontramos con otros viajeros que habíamos visto en el Fuji. En Kofu teníamos que tomar un tren, teníamos la alternativa local o el Tren Limited Express (Azusa). Uno más lento y más barato, otro más rápido, más costoso y puede que no haya disponibilidad.

Intentamos sacar el boleto en la máquina, pero al ser la primera vez preferimos hacerlo con calma en la taquilla. La chica que nos atendió hablaba poco inglés, pero enseguida un chico que estaba detrás nuestro se puso a hacer de traductor sin que se lo pidiéramos.

La amabilidad de las personas en Japón es increíble. No suelo fiarme fácilmente de la amabilidad de los desconocidos: nos inculcaron en Cuba que alguien tan amable con un extraño siempre quiere algo. Aquí, esa idea no ha dejado de ponerse a prueba.

Tomamos el tren con unos 5 minutos de margen, aunque como todo funciona tan bien engranado, sabes que te va a dar tiempo. Fue un trayecto cómodo y bastante directo.

💡Tip viajero de Gaviotaporelmundo

No existe ( por lo menos en agosto de 2026) un tren ni bus directo entre la zona del Fuji y Matsumoto — siempre hay que hacer transbordo, ya sea en Kofu (la ruta que hicimos nosotros) o en Otsuki, donde se puede enlazar con el tren limited express hacia Matsumoto y que sí está cubierto por el JR Pass, si lo llevas.

También existe la opción de un bus turístico de un solo trayecto con parada intermedia, pensado más para hacer turismo en el camino que para ir rápido.

Alcantarillas de matsumoto

Al llegar a Matsumoto se ve una ciudad pequeña pero muy agradable. Nuestro hotel, el Collection Matsumoto, quedaba a unos 15 minutos de la estación, al lado del castillo —imposible no fijarse en esa silueta negra, apodada «el Castillo del Cuervo», que nos acompañó de fondo todo el día aunque la visita la dejaremos para mañana. Veníamos con hambre y con ganas de ducha, pero no nos daban la habitación hasta las 15:00 —las cadenas suelen ser estrictas, aunque era evidente que la habitación ya estaba lista, porque nos dijeron que quizás la tendríamos a las 14:45.

celletion hotel matsumoto

Salimos en busca de comida. Los restaurantes que teníamos guardados como recomendados quedaban a más de 15 minutos, demasiado tiempo para nosotros en ese momento. Cerca del castillo y a poco menos de 8 minutos del hotel estaba el Shinshu Jo-ka Soba, muy popular entre los locales, pero había que sacar turno y esperar; no nos apetecía una hora de espera.

Volvimos al hotel, algo frustrados —los imprevistos son parte del viaje—, y compramos algo en el supermercado. Con la habitación ya lista, tocó una ducha larga, de esas en las que te quedas una hora, y comer con calma. El hotel cumplió y superó las expectativas en cuanto a relax y comodidades, tiene una calidad- precio increíble.

Cerca de las 17:00 salimos a conocer un poco la ciudad. Es cierto que es pequeña, y ese día el objetivo era ir con calma. Dimos varias vueltas por los sitios emblemáticos y de pronto nos encontramos sin más el Templo Yōhashira-jinja Shrine, un lugar muy tranquilo en el corazón de la ciudad.

Seguimos callejeando por la Calle Nawate (Nawate-dori), peatonal y pegada al río Metoba, conocida como «Calle de las Ranas» —hay pequeñas figuras de rana por toda la calle, a modo de amuleto— y por la Calle Nakamachi, donde destacan los kura, antiguos almacenes de paredes blancas y gruesas que los comerciantes usaban para guardar mercancía, hoy reconvertidos en tiendas y cafés.

De ahí entramos a una oficina postal a enviar unas postales y seguimos a un centro comercial a comprar protector solar, antes de dar con algún restaurante interesante. Nos topamos con uno tan local que, al entrar, todos nos miraban como raros. Comimos el plato típico de Matsumoto y una cerveza fría que supo a gloria.

Mi primera vez en un onsen japonés y el dilema de los tatuajes.

Al rato regresamos al hotel. Queríamos probar el onsen del Hotel que se veía muy bien, será nuestra primera vez. Antes de subir a la habitación pasamos por la primera planta a recoger nuestros pijamas y los amenities necesarios.

onsen en Matsumoto

Tenía nervios: no sabía dónde poner las cosas, cómo era exactamente el proceso, y realmente no quería hacer sentir incómoda a ninguna de las mujeres que estaban allí. En este hotel, primero había una pequeña sala donde dejabas tus cosas en unas cestas. De ahí, pasas completamente desnuda a la zona del onsen, donde te sientas en unos bancos individuales para ducharte a fondo antes de entrar al agua, como manda la tradición. Tengo que confesarlo: me daba respeto sentarme en un banco por el que pasan miles de personas. Es un pensamiento raro, quizás, pero en ese momento es imposible que no te venga a la cabeza la típica frase de mamá: «No te sientes en baños ajenos».

Al mirarlas a ellas, te das cuenta de que todo es sencillamente un ritual de cuidado personal profunda; se lavaban el pelo con calma y disfrutaban del momento. A la salida, incluso vi que algunas se ponían mascarillas faciales.

Piscina del onsen en Matsumoto

Por fin entré al agua. Estaba calientísima, perfecta para relajar las piernas después de todo el descenso del día.

Para mí la experiencia fue idílica, pero para Miguel fue un poco más complicada. Él tiene tatuajes grandes y, aunque en este hotel estaba estrictamente prohibido tenerlos, la recepcionista nos había comentado que si no había nadie o a nadie le incomodaba, podía intentar entrar. Al principio tuvo suerte: coincidió solo con un chico y luego se quedó completamente solo, por lo que no hubo ningún problema. Sin embargo, al rato entró otro cliente que enseguida le llamó la atención: «La norma es que las personas con tatuajes no pueden estar». A Miguel no le quedó más remedio que salir.

A pesar de ese choque cultural con las normas, fue una experiencia totalmente diferente y lo más interesante, sin duda, es vivir el ritual desde dentro. Ahora nos tocará regresar a Japón en invierno para disfrutar de los baños termales con frío y seguir sumando anécdotas.

Vuelta a la calma

Nos fuimos a la cama; el cansancio salía a relucir. Al día siguiente no había prisa: desayuno tranquilo en el hotel y luego el castillo.

Hoy, sin alarmas. Hasta mañana.

Gracias por seguir la ruta con nosotros.

Diario de Viaje por Japón | Día 4: El techo del mundo y un amanecer único en el Fuji.

Ruta de 15 días por Japón.

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