Volar en Globo en Segovia, una experiencia a vivir.
Salimos muy pronto de Alcalá de Henares, la autovía estaba vacía. Las luces largas rompían la negrura hasta que el amanecer comenzó a vencer el pulso; ganará y perderá en el mismo día sin dejarlo de intentar.
Llegamos a Segovia, la señal del GPS desapareció donde acababa el asfalto y comenzaba el camino de tierra. Avanzamos, a nuestro alrededor eran todo tierras de labranza por las que la cosechadora ya había pasado. Andar sobre las pajas cortas del campo es caminar sobre el eco crujiente de un sol que ya fue cosechado. Cada paso despierta un leve lamento dorado, un susurro que cruje bajo las suelas, como si la tierra guardara las astillas rotas del verano anterior. Dos coloridas e imponentes velas empezaron a erguirse delineando perpendiculares sobre el horizonte, marcándonos algo más que el punto de encuentro: la zona de despegue.

No era la primera vez que volábamos en globo. Volar en globo aerostático es una experiencia de paz absoluta, silencio majestuoso e ingravidez que redefine nuestra relación con la altura y la libertad. Al contrario de lo que muchos imaginan, no es una actividad de adrenalina o vértigo, sino un viaje meditativo en el que el mundo parece detenerse bajo tus pies. Existe una diferencia abismal entre viajar en avión y deslizarse por el cielo dentro de una barquilla de mimbre. Mientras que la aviación comercial nos aísla del entorno mediante motores ruidosos y ventanillas selladas, el globo aerostático nos convierte en parte del propio viento.

Entre un ruido intermitente de quemadores, y el hormigueo que nos produce sabernos suspendidos en una cesta a cientos de metros de altura, subimos.
Se aconseja vestir ropa cómoda y calzado deportivo cerrado para caminar por el campo. La temperatura arriba es similar a la del suelo, por lo que basta con abrigarse de acuerdo con la mañana del día programado. El inicio del viaje fue casi imperceptible. No hubo sacudidas, aceleraciones bruscas ni la presión en el pecho típica de un despegue convencional. Simplemente, la tierra comenzó a alejarse de forma suave y constante. En pocos minutos nos descubrimos flotando a cientos de metros de altura con una estabilidad asombrosa, abrazados por una profunda sensación de seguridad y armonía.

No, volar en globo aerostático no da vértigo. El vértigo se activa cuando el cerebro detecta una línea física y vertical (como una pared, un balcón o un acantilado) que conecta tus pies con el suelo. Al despegar en globo, esa conexión visual desaparece por completo, por lo que el cerebro interpreta el paisaje como un mapa bidimensional o una maqueta en 3D, anulando la sensación de caída.
Volar es grandioso. Jordi fue nuestro piloto, un catalán de nervio templado acostumbrado a surcar cielos durante años en mil latitudes. Conocedor de los vientos y el secreto que encierran las misteriosas corrientes invisibles, nos meció en nuestra cuna de mimbre logrando sobrevolar la ciudad de Segovia.

Sobrevolar Segovia en globo aerostático es una de las experiencias visuales más impactantes y poéticas de España, permitiendo contemplar esta joya declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde una perspectiva privilegiada. La actividad se realiza siempre al amanecer, aprovechando las corrientes de aire más estables y seguras del día.

El viaje combina el silencio absoluto del cielo con la majestuosidad de la arquitectura medieval y romana, convirtiéndose en una vivencia emocionante y libre de vértigo.
El acueducto, el Alcázar y la Catedral mostraron la grandeza de su leyenda eterna a ojos de unos niños izados por una cometa de tiempo. ¡Quedé maravillado! Ver los más de 160 arcos de la imponente obra del siglo I desde una vista cenital revela la asombrosa simetría e ingeniería con la que los romanos moldearon la fisionomía urbana. El paisaje urbano se fusiona bruscamente con la campiña castellana, los bosques circundantes y el perfil montañoso de la Sierra de Guadarrama al fondo.

Por desgracia, los globos suben, suben y suben con la misma facilidad que bajan, bajan y bajan. La física nos devolvió a la realidad de los rastrojos suavemente, como una pluma caída del cielo para relatar nuestra aventura.
El equipo de tierra de Voyager Balloons siguió al globo en coche en todo momento. Ellos aseguraron la cesta al tocar el suelo. Los pasajeros no deben salir hasta que el piloto lo autorice expresamente para evitar que el globo recupere peso y vuelva a elevarse.
Todos reunidos, con los globos recogidos (tarea en la que colaboramos todos), brindamos. Un brindis con champán después de un vuelo en globo es una tradición que se remonta a 1783. Los primeros aeronautas franceses brindaban con los campesinos al aterrizar para demostrar que no eran demonios caídos del cielo, sino humanos celebrando una hazaña.
«Tocamos el cielo, conquistamos el aire y regresamos para contarlo. Que la espuma de este champán suba tan alto como nuestro globo, y que la vida nos siga regalando momentos para mirar el mundo desde arriba.
¡Salud por los valientes!»

Blog de viajes | Asesorías personalizadas | Tips para viajar sin etiquetas
Si te gusta mi contenido y te ayuda a planear tu viaje, recuerda reservar con mis links de afiliados. Para ti no te tiene extra (¡a veces tienes descuento!) y a mí me ayudas con una pequeña comisión para mantener vivo el blog. ¡Mil gracias por el apoyo! 🙏🤗








